Cerro Taboga
El 15 de diciembre de 1996 se
había programado un aprueba simultanea entre colegas ubicados en las zonas HP1,
HP3 y HP8, con la idea de encontrar una ruta alterna para el enlace nacional.
Los colegas de HP8LR nos dividimos en dos grupos: uno iría a Cabuya de Antón y
el otro al cerro Taboga, a pocos minutos de la ciudad de Aguadulce. Las pruebas
desde Cabuya no tuvieron éxito, sin embargo las realizadas desde el Taboga eran
muy esperanzadoras. Así, el 22 de diciembre fuimos a Canajagua, en Los Santos,
a retirar la repetidora 736, que llevaba mucho tiempo fuera de servicio, para
repararla e instalarla en el nuevo punto. Ese mismo día, de regreso, subimos al
Taboga. Aunque tengo bastante experiencia como chofer, debo admitir que aquel
empinado camino y sus cerradas curvas me inspiraban mucho respeto. La vista
desde allí es preciosa, se divisan varios pueblos incluyendo Aguadulce con el
Vigía a un lado y los lagos del ingenio azucarero. En la cima nos esperaban
varios colegas de HP8LR con el dueño del terreno. Allí está una torre de 60
pies de alto dentro de un cercado que rodea un edificio de planta baja,
propiedad del IRHE. Y al otro lado, un sector del terreno allanado preparado para
construir. El dueño explica que es Canal Once de TV, que pronto levantará una
torre y una casa para sus equipos. Con la ayuda de HP8AND y HP8AWQ, el 26 de
diciembre HP8CAQ transporta una torreta autosoportable, de su propiedad, y el
viejo cascaron de una
refrigeradora que servirá de albergue a la repetidora.
Para el domingo 29 de ese mes, y tras superar todos los inconvenientes surgidos,
nos reunimos unos veinticinco radioaficionados de HP8LR, HP6LR y HP5LRO, para
instalar la repetidora. La suerte no está de nuestra parte y las cosas no
quedan como deben, sin embargo no nos sentimos decepcionados ni tristes; ha sido
un día formidable, que terminó muy tarde y que dejaba abiertas muchas
posibilidades. Decidimos cambiar la repetidora y el 1 de enero de 1997, cuando
todo el mundo está con su familia o descansando de la celebración del día
anterior, un grupo sube a hacer el trabajo. Hay mejoría, pero no es suficiente.
Mientras tanto, el INTEL nos autoriza a hacer pruebas desde sus instalaciones en
el Valle, esto significa desmantelar Taboga una vez más, pero el entusiasmo
derriba barreras. Esta vez asistimos unas quince personas entre radioaficionados
y familiares. Hacemos la instalación, pero la antena presenta problemas que no
podemos remediar y los resultados son fatales. Para el 26 de marzo del 97 se
regresa con el equipo al Taboga con la idea de sacarlo al aire, esta vez sí,
sin problemas. A las 10.00 p.m. recibo una llamada de HP8ATN desde la cima: Las
grapas que sujetan la antena a la torre no aparecen. Las busco en casa de
HP8EGM, y en compañía de HP8DES las llevo al cerro... a aquella hora. Allí
nos quedamos hasta pasadas las 3.00 a.m. e hicimos lo mejor que pudimos. Desde
esta fecha hasta hoy hemos subido infinidad de veces al Taboga, cada vez hemos
realizado una mejora. Se reemplazó la torreta prestada por 8CAQ y el cascaron
de refrigeradora, se allanó el terreno donde pensamos construir un mirador
techado.
Decidimos subir al Taboga el sábado 19 de septiembre de 1998, para instalar dos tramos de torre, encajar los anclajes de los tensores y bajar la torre de HP8CAQ, que llevaba más de un año en el sitio.
Para subir el equipo, el material de construcción y al personal, contratamos uno de esos camiones de rudo aspecto usados por el ejército y que llaman REO. Como chofer iba HP8BYH.
Con todo cargado desde la
víspera, quedamos en encontrarnos y partir juntos al día siguiente. Como
ocurre siempre, hubo una demora de último momento y el REO salió primero. En
otro carro, y media hora más tarde, partíamos 8CAQ, 8AND, Tito, Joaquín el
QRM de CAQ y yo. Nuestro carro no es 4 x 4 y no podrá subir a la cima. Hacemos
varios llamados al REO para que nos espere al principio de la subida, pero no
hay respuesta y nos percatamos de que no llevan radio. Le pedimos a HP8AJN que
les avise al celular de 8BYH, pero el sistema está QRT por reparaciones en una
torre.
Teníamos la esperanza de que nuestros compañeros nos esperaran en la falda del cerro, pero desde muy lejos vimos una figura oscura y rectangular entre la torres, que no podía ser otra cosa más que el armatoste conducido por Huri.
Avanzamos en el carro hasta donde fue posible. No mucho, lamentablemente. El camino, sinuoso y empinado, se abría ante nosotros en silencioso reto mientras lo mirábamos con algo de desesperanza. Don Ñato, HP8AND, se dispone a subir a pie para hacer regresar el camión y transportar al resto del equipo. Yo decido acompañarle. Avanzamos a pasos cortos y rápidos, estirando el cuerpo hacia delante para mantener el equilibrio y el ritmo, que se dificulta al pisar las piedras sueltas por las recientes lluvias.
Don Ñato es un hombre fuerte, acostumbrado al trabajo duro. En cambio, yo hace mucho tiempo que deje de ejercitarme y el cuerpo se resiente. No me atrevo a levantar la vista del suelo por no ver el camino que nos falta por andar.
Ñato saca conversación para distraerme y no dejarme pensar en el esfuerzo. Yo respondo farfullando monosílabos. Ñato dice cuando descansar y cuando volver a caminar. – Ya estamos llegando, Don Pepe – Dice para animarme. – Gracias a Dios – Me digo a mi mismo. Ahora vemos a los tres compañeros, que desde la cima observan nuestro avance tratando de adivinar quienes somos. A gritos le explicamos la situación sin dejar de caminar. Al fin llegamos a la última y más inclinada pendiente. Deben ser menos de 150 metros, pero están en un ángulo de 60º. Es como subir una escalera. Nos recostamos contra la pared formada al cortarse el camino, para recuperar el aliento y acometer la subida, cuando escuchamos el motor del REO bajando. En aquel tramo el camino se estrecha a causa de una pronunciada curva. Don Ñato, siempre precavido y atento a las situaciones que puedan representar un riesgo, ordena que nos peguemos más al muro, a fin de dejar más espacio a la maniobra del camión que se detiene para enterarse de la situación.
Ya en la cima, vemos que nuestros compañeros han instalado el segundo tramo de torre.
El camión avanza pesadamente y en el vagón viene el resto del equipo. Una soga se parte y One evita que un tanque de agua de 55 galones se derrame presionándolo entre su cuerpo y la rejilla del camión. Se detienen para asegurarlo, y los tres pasajeros prefieren hacer el último tramo de camino a pie. Con todo arriba, ponemos manos a la obra.
Subimos el tercer tramo de torre. 8DPD dirige la operación. Es torrero profesional y sabe lo que hay que hacer; los demás solo seguimos sus instrucciones. Abrimos los hoyos para los anclajes de los tensores. Preparamos la mezcla y la vaciamos. A falta de tablas para el encofrado, usamos piedras y falta de paleta para extender la mezcla, Ñato usa sus manos. Hacemos bromas mientras el sol nos tuesta y el trabajo se concluye.
El cielo se encapota. Vemos como llueve hacia Aguadulce y, poco a poco, quedamos rodeados por nubes tormentosas. Es como estar en una isla, rodeados de agua; pero aún no llueve aquí. Todos al REO, y abajo. Cuando llegamos, el cielo se desploma. Llueve con ganas. El agua corre sobre la carretera y las entradas de algunas casas están anegadas. Ya no descampa hasta la noche. Hacía tiempo que no llovía así.
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