Cerro Gaital
Cerro Gaital se yergue al norte
de la provincia de Coclé, en el pintoresco pueblo de El Valle de Antón. El
Valle es un pueblo rodeado de montañas con exuberante y colorida vegetación y
un clima primaveral. Muy atractivo para los ecoturistas que lo visitan cada fin
de semana para disfrutar de sus parajes, su clima, las artesanías elaboradas
por sus habitantes, las exóticas ranas doradas, los árboles cuadrados, los
pozos termales o la enigmática piedra pintada. También muchas familias
adineradas tienen allí sus casas de descanso, con lo cual la población del
lugar se duplica los días de asueto. Además de Gaital, rodean a El Valle otros
cerros, Mesa, Silla, La Cruz y la mítica India
Dormida, que recorta contra el
cielo la silueta de una mujer yaciente. Según la leyenda, una hermosa princesa
india se enamoró de un conquistador español rechazando el amor que le ofrecía
un noble guerrero de su tribu, quien al verse despreciado se quita la vida. La
princesa, repudiada por su pueblo, huye a las montañas donde muere de cara al
cielo y convirtiéndose en una de ellas. Los radioaficionados teníamos la
certeza de que Gaital sería un excelente punto para instalar una repetidora de
VHF. Alrededor de 1982 ó 1983, un helicóptero de la FAP sobrevoló la cima con
un reducido grupo de colegas. La vegetación, la topografía y las ráfagas de
viento impidieron el descenso, pero la suerte estaba echada. Poco tiempo
después, una veintena de personas emprendimos el ascenso. Esa vez, menos de la
mitad alcanzamos la cima. La primera etapa del camino discurre entre árboles
altos y frondosos que nos tapan el sol. La humedad es alta y el olor a
vegetación en continua y permanente descomposición nos satura el olfato.
Resbalamos a menudo y nos deslizamos un poco pendiente abajo. Nos asimos de
troncos delgados, algunos tienen pequeñas e hirientes espinas; otros, al
apretarlos, se deshacen en nuestras manos chorreando agua. Es como apretar una
esponja. Salimos al sol y ahora caminamos por un sendero que solo nos permite
pasar de uno en uno y que se tiende entre vegetación baja que lo flanquea y nos
hace sentir seguros, pues vemos que caminamos en un estrecho filo. De vez en
cuando una pierna se nos hunde hasta la rodilla o más, y al sacarla vemos que
caminamos sobre un tupido entramado formado por raíces y troncos entrelazados;
el suelo de tierra está, a veces, a más de medio metro debajo de nuestros
pies. Aquí es fácil, para personas inexpertas como nosotros, torcerse -o
incluso romperse- una pierna o rodar pendiente abajo. Cada vez que mis piernas
se hunden no puedo evitar en las "patocas" -una mortífera culebra de
la región-. De momento, una niebla densa y fría nos envuelve haciendo el
paisaje irreal e impidiendo que nos veamos unos a otros a pocos metros de
distancia. El sendero se interrumpe en el sitio donde tiempo atrás hubo un
desprendimiento de tierra y se hace necesario subir con cuerdas. Los guías se
adelantan y las
aseguran.
En esta parte, el grupo pierde más miembros. Yo trepo procurando no mirar hacia abajo, pues desde la repisa donde estamos no se ve el fondo del barranco. Más arriba encontramos nuevamente el sendero y los guías nos animan diciendo que estamos llegando. No les hacemos demasiado caso; hace más de cinco horas que dicen lo mismo. Pasamos bajo un arco formado por unos arbustos y, sin percatarnos, estamos en la cima. La cima está rodeada de vegetación media y no es demasiado amplia. Hace unas seis horas que comenzamos a caminar, todos presentamos signos de cansancio y de satisfacción. Damos cuenta del ligero almuerzo, las pruebas de transmisión y recepción son un éxito, ¡como esperábamos! Y a bajar. El descenso fue más rápido -para bajo todos los santos empujan- , pero no estuvo exento de emociones y complicaciones. Yo volvería allí en dos ocasiones más, una cuando instalamos la repetidora y otra para darle mantenimiento. El colega HP8ASI haría esa penosa ruta treinta y tres veces más; pues, lamentablemente, en la época lluviosa, las tormentas eléctricas sacaban la repetidora del aire con demasiada frecuencia. Luego de unos años, y tras muchos esfuerzos y gastos, optamos por abandonar el sitio e instalar en un lugar más accesible.
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