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La radio ha sido uno de mis últimos descubrimientos. No era un tema conocido por mi y he tardado demasiado tiempo en introducirme en esta actividad (perdiéndome según parece los "años de gloria"). La verdad es que no resulta fácil saber qué hacer y dónde acudir si no conoces a nadie que ya esté metido en esto. Aunque, como antes comenté, este no parece ser el mejor momento y hay muchos que caen en el desánimo; no es ese mi caso. Junto a la fonía, también me gustan las modalidades de packet (EB1FRK@ED1ZAE.EAO.ESP.EU), el reciente APRS y algún satélite accesible con mis modestos medios -como la Estación Espacial Internacional (I.S.S.). En lo últimos años parece que mucha gente ha abandonado la radio y son pocos los que se incorporan a esta bonita afición que, lejos de estar obsoleta, se renueva día a día con nuevas posibilidades -fruto de la evolución tecnológica y del ingenio de muchos radioaficionados que siguen investigando y probando hasta conseguir los resultados deseados, para después compartirlos con los demás.
Mi afición por la montaña comenzó, muy pronto, con las rutas y excursiones realizadas con la familia. Más adelante me fui iniciando en la escalada, primero en algunas "escuelas" de la región y después en la alta montaña (realizando numerosas vías, en estilo alpino, por los Picos de Europa -destacando la ascensión por la cara Este del Urriellu como la más emblemática). En la montaña también suelo practicar otras actividades como el esquí, la bicicleta de montaña y, hace tiempo, el parapente. En ella disfruto enormemente de la radio porque se tiene una excelente cobertura que permite llegar a mayor distancia de la habitual y porque me mantiene en contacto con amigos y otros colegas. Es muy gratificante poder charlar con otros radioaficionados mientras se descansa y admira el paisaje desde la cumbre, aunque no siempre la montaña nos lo permite.
Desde pequeño me ha gustado el mar y explorar lo que hay bajo el agua. Hace unos años me decidí, por fin, a hacer un curso de buceo en Gijón y ese fue el comienzo de mayores e increíbles espectáculos en las profundidades del mar. Hasta entonces sólo me había dedicado a las inmersiones en apnea y a la pesca submarina. He realizado inmersiones en aguas del Cantábrico, del Atlántico (por ejemplo: Lanzarote, Tenerife) y del Mediterráneo (Reserva Natural del Cabo de Creus, Islas Medas -lugares muy conocidos por quienes practican este fascinante deporte).
Las motos me han gustado siempre. Y desde que me animé a sacar el carné y llevé por primera vez una moto mucho más. Sentir el aire en la cara, oír ese motor silbando, formar un todo con la moto cuando tomas las curvas, etc. Es una sensación que o te apasiona o te resulta indiferente. Luego viene el momento de hacerse con una moto. Aquí surgen cientos de dudas: ¿una nueva o de segunda mano?, ¿de qué cilindrada?, ¿de cuántos cilindros?, ¿carenada o sin carenado?, ¿qué modelo será mejor?, ¿qué marca?, etc. A esto hay que añadir el tema de la limitación de dos años y el desorbitado precio de los seguros para un conductor novel -peor aún si es joven- con una moto de cilindrada alta. Y cuando uno está decidido por una o varias, unos te dicen que igual es mucho, que mires a ver, que igual es mejor...; otros te dicen que no tienes problema en empezar con esa moto y al final acabas con más dudas que al principio -aunque, eso sí, ya estás más puesto en el mundo de las dos ruedas. Total que acabas comprando una que no era la de tus sueños con la idea de que te durará algún tiempo y te servirá para aprender y al cabo de un tiempo mucho menor del que te habías planteado, estás deseando darle pasaporte y comprarte la que siempre quisiste -en mi caso una Suzuki Bandit 600 S. Y dicho y hecho, al cabo de poco más de un año decidí cambiarla por la que ahora es mi moto. |